Masa perfecta en casa: el tiempo de fermentación que cambiará tus horneados para siempre

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¡Hola, panaderos y amantes de la buena masa! ¿Hay algo más gratificante que el olor a pan recién horneado inundando tu cocina? Yo diría que no.

Pero, seamos honestos, lograr esa textura perfecta, esa miga esponjosa y ese sabor inconfundible, tiene su ciencia, ¿verdad? Y en el corazón de esa ciencia, amigos, está algo que a menudo subestimamos: el tiempo de fermentación de la masa.

Muchas veces me he frustrado con un pan que no sube o que queda denso, y con los años he descubierto que el secreto no está en un truco mágico, sino en entender y respetar este proceso vital.

Así que, si quieres transformar tus horneados caseros de buenos a ¡espectaculares!, acompáñame porque te voy a revelar todos esos detalles que he aprendido con mis propias manos y que cambiarán tu forma de hacer pan para siempre.

¡A continuación, vamos a descubrirlo todo!

La Magia Oculta Tras el Sabor y la Textura Perfecta

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Más Allá del Simple Leudado: ¿Por Qué es Tan Importante?

Amigos, cuando empecé en esto del pan casero, pensaba que la fermentación era simplemente esperar a que la masa doblara su tamaño. ¡Qué ingenuo era! Con los años, horneando pan tras pan, he descubierto que es mucho, muchísimo más que eso.

Es el alma del pan, el proceso donde realmente se desarrollan esos sabores complejos, esas notas tostadas, ligeramente ácidas o dulces que hacen que un pan no sea solo “pan”, sino “EL pan”.

Es donde la magia ocurre, créanme. Cuando la masa está en su punto justo de fermentación, la miga se vuelve aireada y elástica, la corteza crujiente y llena de carácter.

Es la diferencia entre un pan que alimenta y un pan que enamora. Y si, como yo, os habéis obsesionado alguna vez con conseguir ese pan de vuestra panadería favorita, os aseguro que el secreto está en dominar este paso.

Es un arte, sí, pero con bases muy científicas que podemos aprender y sentir con nuestras propias manos. Mi experiencia me dice que la paciencia aquí es oro puro y lo que distingue un buen intento de una verdadera obra maestra.

El Baile de los Microorganismos: Lo Que Realmente Sucede

¿Os habéis parado a pensar qué ocurre realmente dentro de esa bola de masa que tenemos en nuestro cuenco? Es un universo en miniatura, ¡un auténtico baile de microorganismos!

La levadura, ya sea fresca, seca o la que vive feliz en nuestra masa madre, se alimenta de los azúcares de la harina y produce dióxido de carbono y alcohol.

Esos gases son los que quedan atrapados en la red de gluten y hacen que la masa se hinche, formando esas burbujitas maravillosas que luego se convertirán en los alvéolos de nuestra miga.

Pero no es solo eso; durante este proceso, también se producen ácidos y otros compuestos aromáticos que son los verdaderos responsables del perfil de sabor de nuestro pan.

Cuando no respetamos los tiempos, el pan puede saber “a levadura” o quedar insípido. En cambio, si le damos su espacio, el resultado es una explosión de matices.

Es como una sinfonía, cada nota tiene su momento y su razón de ser. He sentido esa frustración cuando la he cagado por prisa, y la euforia cuando he acertado.

Factores Clave Que Controlan el Reloj de tu Masa

La Temperatura: Tu Aliada o Tu Peor Enemiga

¡Ah, la temperatura! Si hay un factor que me ha dado más quebraderos de cabeza y alegrías a partes iguales, es este. La levadura es un ser vivo y, como nosotros, tiene sus preferencias.

Una temperatura ideal, generalmente entre 24 y 26 grados Celsius, hará que la fermentación avance a un ritmo constante y predecible. Si hace demasiado frío, como en un día de invierno en Madrid sin la calefacción puesta, la levadura se vuelve perezosa, se ralentiza, y podríamos estar esperando horas y horas sin ver grandes cambios.

Y si, por el contrario, hace demasiado calor, como en Sevilla en pleno agosto, la fermentación se dispara, se vuelve demasiado rápida, y corremos el riesgo de que la masa se sobre-fermente antes de que podamos reaccionar.

Esto puede dar lugar a panes con poco sabor, densos o con una corteza pálida. Siempre que puedo, intento mantener una temperatura ambiente estable en mi cocina, o si no, recurro a trucos caseros como encender el horno unos minutos y luego apagarlo para crear un ambiente templado.

¡Es como cuidar de un bebé, necesita su confort!

La Levadura y la Harina: Los Protagonistas Invisibles

No podemos hablar de fermentación sin mencionar a nuestros dos grandes héroes: la levadura y la harina. La cantidad de levadura que usamos es, obviamente, crucial.

Más levadura no siempre significa mejor pan; a menudo, menos levadura y más tiempo de fermentación dan un sabor más profundo. Y la calidad y tipo de harina son fundamentales.

Una harina de fuerza, rica en proteínas y gluten, será capaz de retener mejor los gases de la fermentación, dando un pan más estructurado y con una miga más abierta.

Las harinas integrales, con su salvado y germen, pueden acelerar o ralentizar la fermentación de maneras diferentes, por lo que es importante ajustar los tiempos.

Recuerdo la primera vez que probé con una harina de trigo ecológica de un molino pequeño de mi pueblo; el resultado fue espectacular y entendí la importancia de la materia prima.

¡No subestiméis el poder de una buena harina! Aquí os dejo una pequeña guía que he creado con mis propias pruebas para que os hagáis una idea:

Factor Efecto en la Fermentación Mi Consejo Personal
Temperatura (frío) Ralentiza significativamente ¡No desesperes! Dale tiempo o busca un lugar más cálido.
Temperatura (calor) Acelera excesivamente Vigila la masa de cerca; considera reducir la levadura.
Cantidad de Levadura Más levadura = más rápido Para mejor sabor, usa menos levadura y fermenta más tiempo.
Tipo de Harina (fuerza) Mejor estructura, más retención de gas Invierte en una buena harina de fuerza, ¡vale la pena!
Masa Madre Fermentación más lenta y compleja Mi amor por la masa madre es incondicional, ¡pruébala!
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¡No Todas las Fermentaciones Son Iguales! Conoce los Tipos

Fermentación en Bloque y Fermentación Final: Las Dos Caras de la Misma Moneda

A veces me preguntan si la fermentación es un solo paso, y mi respuesta siempre es un rotundo “¡no!”. En realidad, distinguimos principalmente dos etapas cruciales: la fermentación en bloque, o primera fermentación, y la fermentación final, o segunda fermentación (también conocida como “proofing”).

La primera ocurre justo después de amasar, cuando la masa reposa en un cuenco grande, a menudo con algunos pliegues intermedios. Aquí es donde se construye gran parte de la fuerza del gluten y se desarrollan esos primeros sabores.

Es un periodo de crecimiento y desarrollo general. La segunda fermentación, en cambio, sucede una vez que hemos dado forma al pan. La masa ya está en su cesta de fermentación o sobre una bandeja, lista para ir al horno.

Este es el momento donde la masa se “infla” y adquiere su volumen final antes de ser horneada. Controlar ambas es esencial. He aprendido que apresurar cualquiera de las dos puede arruinar el trabajo de horas.

Es como una carrera de relevos; cada etapa tiene que pasar el testigo correctamente para llegar a la meta.

El Secreto del Frío: La Fermentación Lenta Que Enriquece el Alma del Pan

Si hay un truco que me ha cambiado la vida panadera, ese es la fermentación en frío. ¡Es oro puro! De verdad, si no lo habéis probado, tenéis que hacerlo.

Básicamente, consiste en dejar que la masa fermente en el frigorífico (entre 4 y 7 grados Celsius) durante un periodo prolongado, que puede ir desde 12 horas hasta 48 horas o incluso más, dependiendo de la receta y de vuestras preferencias.

¿El resultado? Un sabor inmensamente más complejo y profundo, una miga más abierta y una corteza increíblemente crujiente. El frío ralentiza la actividad de la levadura, pero permite que las enzimas trabajen más tiempo, descomponiendo los almidones en azúcares más simples y creando esos compuestos aromáticos que hacen que el pan sea una delicia.

Además, ¡es súper cómodo! Puedes amasar por la noche, meter la masa en la nevera y hornear al día siguiente cuando te venga bien. Yo lo hago mucho para mis panes de masa madre; la flexibilidad que te da es una maravilla y el sabor…

¡uff, indescriptible!

Cómo Saber Si Tu Masa Está en Su Punto: Señales Que No Fallan

Observa, Toca y Huele: Los Sentidos al Servicio del Panadero

Saber cuándo la masa está lista para el siguiente paso es, quizás, uno de los mayores desafíos para el panadero casero, ¡y lo sé por experiencia propia!

Al principio, yo era de las que seguía la receta al pie de la letra con los tiempos, pero pronto aprendí que la masa no entiende de relojes, sino de señales.

Lo primero es observar: ¿ha duplicado o casi triplicado su volumen? ¿Ves burbujas en la superficie o en los lados del recipiente? Eso es buena señal.

Luego, toca con suavidad; la masa debe sentirse hinchada y elástica, no pegajosa ni demasiado flácida. Y por último, pero no menos importante, huele. Una masa bien fermentada tendrá un aroma agradable, ligeramente ácido o dulce, dependiendo de los ingredientes.

Si huele fuertemente a alcohol, es posible que se haya pasado. Estos son pequeños detalles que, con la práctica, se convierten en tu segunda naturaleza.

Mis manos me lo dicen, mis ojos me lo confirman y mi nariz lo bendice.

La Prueba del Dedo: Un Clásico Que Nunca Engaña

Entre todas las señales, hay una que considero la más fiable, y la he utilizado miles de veces: la prueba del dedo. Es muy sencilla. Con el dedo ligeramente enharinado, presiona suavemente la superficie de la masa hasta una profundidad de aproximadamente un centímetro.

Si la hendidura que dejas vuelve lentamente a su forma original, pero no del todo, y queda una pequeña marca, ¡bingo! Tu masa está perfectamente fermentada y lista.

Si la marca desaparece inmediatamente, le falta tiempo. Si, por el contrario, la hendidura se queda y la masa se desinfla rápidamente, se ha sobre-fermentado.

Esto último me ha pasado alguna vez por dejarla demasiado tiempo mientras hacía recados, y es una pena, ¡pero se aprende! Es una técnica que, una vez dominada, te dará una confianza brutal.

Es como el termómetro de la masa, pero sin el termómetro, ¡solo tus dedos!

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Errores Comunes Que Me Han Costado Más de un Pan (¡Y Cómo Evitarlos!)

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La Paciencia Es Una Virtud… Y Una Necesidad en la Panadería

Si tuviera que elegir un solo error que he cometido una y otra vez al principio, sería la falta de paciencia. ¡Es que uno quiere ver el pan en la mesa ya!

Pero con la panadería, las prisas son el peor enemigo. Sacar la masa del reposo antes de tiempo, por ejemplo, puede resultar en un pan denso, con poco volumen y sin el desarrollo de sabor adecuado.

Por otro lado, dejarla fermentar demasiado puede hacer que el gluten se debilite, la masa pierda estructura y el pan acabe colapsando en el horno, además de tener un sabor demasiado ácido o a alcohol.

Recuerdo una vez que estaba preparando un pan para una cena especial, y por impaciente, lo metí al horno antes de tiempo. El resultado fue un ladrillo.

Desde entonces, me repito a mí misma: “tranquila, la masa tiene su propio ritmo”. Es mejor esperar un poco más y obtener un resultado espectacular que apresurarse y terminar con un desastre.

La paciencia es la clave para un pan que te haga decir “¡wow!”.

No Todos los Días Son Iguales: Adapta Tu Proceso

Otro error común, y en el que yo también caí, es pensar que una receta es inmutable y que los tiempos de fermentación serán siempre los mismos. ¡Error garrafal!

El ambiente de tu cocina, la temperatura exterior, la humedad, incluso la marca de harina que usas o la vitalidad de tu levadura pueden influir enormemente.

No es lo mismo hornear un día de verano húmedo en Valencia que un día seco y frío en Castilla. Hay que aprender a observar, a sentir la masa y a adaptarse.

Esto es lo que diferencia a un buen panadero de uno excelente. Si veo que la masa está más lenta de lo habitual, le doy más tiempo; si va muy rápido, busco un lugar más fresco o la paso al frigorífico un rato.

La flexibilidad es crucial. No te frustres si la primera vez no sale perfecto; cada pan es una lección y cada error, una oportunidad para mejorar. Es como un baile, tienes que seguir el ritmo de tu pareja, en este caso, ¡tu masa!

Adaptando la Fermentación a Cada Tipo de Pan: De la Baguette a la Focaccia

La Delicadeza de las Masas Enriquecidas: Cuidado Especial

No todas las masas son iguales, y por ende, no todas requieren el mismo trato en cuanto a la fermentación. Las masas enriquecidas, como las de brioche, panettone o roscón de Reyes, que contienen una buena cantidad de grasa (mantequilla), azúcar y huevos, son un caso aparte.

Estos ingredientes tienden a ralentizar la fermentación. La grasa interfiere con el desarrollo del gluten, y el azúcar, aunque alimenta la levadura, en grandes cantidades puede tener un efecto osmótico que la estresa.

Por eso, estas masas suelen necesitar más tiempo de fermentación, a menudo a temperaturas ligeramente más bajas para que los sabores complejos tengan tiempo de desarrollarse sin que la masa se descontrole.

A mí me ha pasado de querer acelerar un brioche y que saliera denso y poco aromático. Con estas masas, la clave es la paciencia extra y quizás un par de pliegues adicionales para fortalecer la estructura.

¡El resultado será una miga de ensueño!

Masas con Altos Niveles de Hidratación: Un Reto Exquisito

Luego están las masas con alta hidratación, como las de una buena focaccia o muchos panes rústicos de masa madre. Estas masas, que son más pegajosas y difíciles de manejar, a menudo se benefician de una fermentación más larga y, en ocasiones, con un toque de frío.

La gran cantidad de agua ayuda a que la levadura trabaje de manera eficiente y a que se desarrollen grandes alvéolos en la miga. Sin embargo, su estructura es más delicada.

Aquí, los pliegues durante la primera fermentación son fundamentales para construir esa red de gluten que retendrá los gases. Y la fermentación final, en estos casos, es crítica: no queremos que se sobre-fermente y pierda su estructura antes de entrar al horno.

Yo he descubierto que para una buena focaccia, un reposo prolongado en frío no solo mejora el sabor, sino que también facilita muchísimo el manejo de una masa tan líquida.

¡Es un reto, sí, pero la recompensa es gloriosa!

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Herramientas y Trucos para un Control Absoluto

El Termómetro: Tu Mejor Amigo en la Cocina

Ya sé que muchos de nosotros, incluyéndome al principio, intentamos ir a ojo con todo. Pero si hay una herramienta que ha revolucionado mi forma de entender y controlar la fermentación, es un simple termómetro.

Ya sea un termómetro de cocina digital para medir la temperatura del agua al mezclar la levadura, o uno de ambiente para conocer la temperatura de mi cocina.

Controlar la temperatura del agua es vital para activar la levadura sin matarla, y saber la temperatura ambiente nos permite ajustar los tiempos de fermentación.

No es lo mismo un día de 20 grados que uno de 30. Con esta información, puedes ser proactivo: si hace frío, puedes calentar un poco el agua o buscar un lugar más cálido para la masa.

Si hace calor, puedes usar agua más fría o incluso un poco de hielo. ¡Es una inversión mínima con un impacto máximo en tus horneados! No puedo enfatizar lo útil que me ha resultado esto, ha reducido a la mitad mis “fracasos” panaderos.

Recipientes, Fundas y Otros Pequeños Secretos del Éxito

Además del termómetro, hay otros pequeños trucos que he ido incorporando y que marcan una gran diferencia. Por ejemplo, el recipiente donde fermentas la masa.

Un bol transparente te permite ver cómo crece y se llena de burbujas sin necesidad de manipularla. Y cubrir la masa es esencial para evitar que se seque y forme una costra.

Yo suelo usar una funda de ducha reutilizable o un film de plástico bien ajustado. Si tienes una cesta de fermentación (banneton), ¡úsalos! Son fantásticos para dar forma y estructura a tu pan durante la fermentación final, especialmente para panes de masa madre.

Y un pulverizador de agua: a veces, un rocío suave ayuda a mantener la humedad del ambiente si tu cocina es muy seca. Estos pequeños detalles, que parecen insignificantes, suman y contribuyen a un control más preciso y a resultados consistentemente buenos.

¡Es la suma de los pequeños gestos lo que crea la obra maestra!

Para Concluir

¡Y así, amigos panaderos y entusiastas, llegamos al dulce y crujiente final de este profundo viaje por el fascinante universo de la fermentación del pan! Espero, de corazón, que esta exploración no solo haya enriquecido vuestros conocimientos, sino que también os inspire a mirar vuestra masa con nuevos ojos, con ese respeto y paciencia que solo el amor por la buena cocina puede brindar. Dominar la fermentación es, sin lugar a dudas, la clave maestra que transformará vuestro pan casero de algo simplemente “bueno” a una verdadera obra de arte extraordinaria, de un simple alimento a una experiencia culinaria inolvidable. Recordad siempre que cada masa es un pequeño cosmos con vida propia, y cada horneado, una valiosa oportunidad para aprender, experimentar y perfeccionar vuestro arte. No os desaniméis ni os frustréis con los pequeños tropiezos o errores; son, en realidad, nuestros mejores maestros silenciosos, guiándonos paso a paso hacia la perfección deseada. Así que, con renovado entusiasmo, ¡a seguir amasando, a seguir experimentando y a seguir creando esa magia única que solo el pan casero puede ofrecer en vuestras queridas cocinas!

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Información Útil que Debes Saber

1. Controla la temperatura ambiente y de tus ingredientes: La levadura es sensible, y una temperatura estable, idealmente entre 24 y 26 °C, es tu mejor aliada para una fermentación predecible y un desarrollo óptimo del sabor. ¡Un termómetro de cocina puede ser tu salvación, créeme! Saber cuándo tu cocina está demasiado fría o demasiado caliente te permitirá ajustar los tiempos y evitar sorpresas desagradables. Es un pequeño gesto que marca una diferencia gigantesca en la calidad final de tu pan.

2. Aprende a leer las señales de tu masa, no solo el reloj: Los tiempos de fermentación indicados en las recetas son solo guías, no reglas inquebrantables. Cada masa es un mundo, y factores como la humedad, la temperatura o la calidad de la levadura pueden alterarlos. Observa el volumen de la masa, fíjate si hay burbujas en la superficie o en los lados del recipiente y, sobre todo, realiza la prueba del dedo. Tu masa te hablará si la escuchas con atención y paciencia.

3. Experimenta con la fermentación en frío: Si buscas un pan con un perfil de sabor más complejo, una miga más abierta y una corteza sublime, tienes que probar la fermentación lenta en el frigorífico. Permite que los sabores se desarrollen profundamente y te brinda una flexibilidad increíble en tu rutina. La paciencia extra se recompensa con creces, transformando un buen pan en una experiencia gustativa inolvidable. ¡Es un antes y un después en tu aventura panadera!

4. Adapta tu proceso al tipo de masa: No todas las masas son iguales, y por ende, no requieren el mismo trato en cuanto a la fermentación. No es lo mismo un brioche rico en grasas y huevos que una focaccia de alta hidratación o un pan de centeno. Cada masa tiene sus peculiaridades y exige un trato ligeramente diferente en sus tiempos y condiciones de fermentación. Con la práctica, aprenderás a sentir y a anticipar lo que cada una necesita para brillar.

5. Invierte en buenas harinas: La calidad de la harina es un pilar fundamental para el desarrollo del gluten y, por ende, para la capacidad de la masa de retener los gases de la fermentación. Una harina de fuerza de buena calidad, o incluso explorar harinas ecológicas o molidas a la piedra, puede elevar exponencialmente el resultado final de tu pan. No subestimes el poder de una materia prima excepcional; es el cimiento sobre el que construirás tu obra maestra.

Puntos Clave a Recordar

Al final del día, queridos amigos, la fermentación es ese corazón latente, vibrante y esencial que da vida a todo buen pan. Es ese proceso mágico y casi alquímico donde unos pocos ingredientes básicos se transforman, desarrollando una sinfonía de sabores, aromas y texturas que deleitan nuestro paladar y alimentan el alma. Recuerda siempre que la paciencia es, sin duda, tu mejor ingrediente; no te apresures, confía en el proceso natural y en la sabiduría de la masa. Observa tu masa con atención, siente su evolución con las manos y no temas adaptar los tiempos y las condiciones según lo que te pida el día o el ambiente de tu cocina. Un buen panadero, he aprendido con el tiempo, no sigue las recetas a ciegas, sino que baila con su masa, ajustándose a sus necesidades como si de un ser vivo se tratara. Cada vez que hornees, estás un paso más cerca de la perfección, entendiendo que el verdadero secreto reside en permitir que la vida, en forma de levadura, haga su trabajo con calma, maestría y, sobre todo, mucho amor. ¡Disfruta de cada miga de este increíble y gratificante camino panadero!

Preguntas Frecuentes (FAQ) 📖

P: ¿Cómo sé cuál es el tiempo de fermentación “perfecto” para mi masa?

R: ¡Ay, esta es la pregunta del millón, amigos panaderos! Al principio, yo también me volvía loco buscando el tiempo exacto en una receta, pero he aprendido con mis propias manos que el “tiempo perfecto” no es un número fijo, sino una cuestión de observar y sentir tu masa.
Piensa en ella como un ser vivo que te da pistas. Primero, fíjate en el volumen: ¿ha duplicado o casi duplicado su tamaño original? Ese es un buen indicio.
Pero ¡ojo!, el volumen no lo es todo. Luego, está la famosa “prueba del dedo”: presiona suavemente la masa con un dedo húmedo. Si la huella vuelve muy rápido, le falta tiempo; si no vuelve para nada, probablemente se pasó.
Si vuelve lentamente, dejando una pequeña hendidura, ¡bingo! Ahí lo tienes. La temperatura ambiente de tu cocina, la hidratación de la masa e incluso el tipo de harina influyen un montón.
Un día caluroso acelerará el proceso, uno frío lo ralentizará. Mi consejo, después de tantos panes horneados, es que confíes en tus sentidos. Al principio es un poco de ensayo y error, pero te prometo que con cada horneado irás desarrollando ese “sexto sentido” para saber cuándo tu masa está lista para el siguiente paso.
¡Es una sensación indescriptible verla en su punto!

P: ¿Qué ocurre si mi masa fermenta demasiado o, por el contrario, muy poco?

R: ¡Uf, esta es una de las frustraciones más grandes de cualquier panadero casero! Me ha pasado, y no una, sino muchísimas veces. Si tu masa fermenta demasiado, es como una fiesta que se descontrola: las levaduras, después de consumir todo el azúcar disponible, empiezan a producir un exceso de alcohol y ácidos.
El resultado es una masa débil, que se deshace fácilmente, difícil de manejar y que, al hornearla, puede colapsar, dando un pan denso, con un sabor agrio demasiado pronunciado, y con poca capacidad para subir en el horno.
Es un pan “cansado”, diría yo. Por otro lado, si la masa fermenta muy poco, es como si no le hubieras dado tiempo suficiente para despertar. Las levaduras no han tenido oportunidad de trabajar su magia.
El pan resultante será pequeño, denso, con una miga apretada y una corteza dura. Además, el sabor será menos complejo, más insípido. Mi experiencia me dice que es mejor pecar un poquito por debajo que por arriba, ya que una masa ligeramente subfermentada aún puede recuperarse un poco en el horno (lo que llamamos ‘horno spring’), pero una masa sobrefermentada es casi un desastre seguro.
¡Por eso es tan crucial ese punto medio!

P: ¿Puedo usar la nevera para fermentar mi masa y qué ventajas tiene?

R: ¡Absolutamente sí, y de hecho, es uno de mis trucos favoritos para panes con un sabor increíble y para mi propia comodidad! La fermentación en frío, o “fermentación lenta en nevera”, es una maravilla.
Lo que hace es ralentizar la actividad de las levaduras debido a la baja temperatura. ¿Y esto qué significa? Pues que la masa tiene mucho más tiempo para desarrollar sabores complejos y matices aromáticos que simplemente no se consiguen con una fermentación rápida a temperatura ambiente.
Es como dejar madurar un buen vino, el tiempo hace su magia. Además, ¡es un salvavidas para tu horario! Puedes preparar la masa el día anterior, meterla en la nevera y hornearla cuando te venga bien.
Yo mismo lo hago mucho cuando tengo la semana ajetreada y quiero un pan recién hecho por la mañana. La masa se vuelve más fácil de manejar, más extensible y con una estructura de gluten más fuerte.
Al hornearla, a menudo obtienes una mejor corteza y una miga más abierta y aireada. Eso sí, recuerda sacar la masa un rato antes del horno para que se atempere un poco si quieres un buen “horno spring”.
Si aún no lo has probado, ¡te animo a que lo hagas! Verás cómo tu pan alcanza un nivel superior.

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